sábado, 2 de mayo de 2015

Texto y video del Boom.

La noche boca arriba
[Cuento. Texto completo.]
Julio Cortázar
Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
 le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.

Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.

La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.

Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.

Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían.

Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.

-Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo.
Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse.

Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trozito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.

Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada", pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.

Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás.
-Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.
Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.

Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.

Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida.

Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.

NOTA: Stas. y sres. les dejo este cuento y traten de identificar si pertenece al realismo mágico o al mundo de lo onírico.Observen también lo que piensa Julio Cortazar acerca del Boom, para ello den clic en el enlace que esta debajo de esta nota. 
Recuerden estudiar para el examen.

miércoles, 22 de abril de 2015

Boom latinoamericano





BOOM  LATINOAMERICANO

El Boom Latinoamericano hace referencia a la literatura hispanoamericana publicada a partir del tercer cuarto del siglo XX que dio difusión en Europa a autores del sur del continente americano. Las novelas del Boom se distinguen por tener una serie de innovaciones técnicas en la narrativa latinoamericana, desarrollando el Realismo mágico y Lo real maravilloso, e introduciendo técnicas vanguardistas de narración. Escritores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, José Donoso o Carlos Fuentes, son algunos representantes de esta “corriente”. Explosión literaria y editorial de las obras de escritores latinoamericanos en la década de los sesenta.

Características

Realismo mágico

Los maravillados escritos de los
Cronistas de Indias y su sentido de estar en otro mundo conquistando tierras que sólo en su fantasía poblada de libros de caballerías podían hallar paralelo se convirtió de hecho en los pueblos hispanoamericanos en una señal de identidad cultural de la que derivó una nueva corriente estética como el Realismo mágico o, según concibe Alejo Carpentier, Lo real maravilloso. La narrativa describe cosas irreales como si fueran reales y cotidianas y las cosas cotidianas como si fuersen irreales; se renueva el lenguaje y las técnicas narrativas y las historias, que pueden estar basadas en sucesos de la vida real, incorporan elementos extraños, fantásticos o legendarios, pueblos mitificados, espacios y lugares fruto de la especulación y personajes que, como pueden existir, también pueden ser irreables o fruto híbrido y mestizo entre lo verdadero, lo imaginario y lo inexistente, que hace difícil separarlos.
Al comparar una
novela que fue escrita antes del periodo del Boom, con otra que fue hecha durante esta transición literaria, se repara en que la historia que fue escrita antes del Boom Latinoamericano nos muestra una realidad plana y sombría, una realidad normal y verdadera, una realidad existente, mientras que la novela escrita después del Boom Latinoamericano muestra muchas facetas de un mismo lugar, de un mismo personaje o del tiempo que recrean la realidad, es decir, se rompe todas las barreras entre lo fantástico y lo habitual y convierte esta mezcla en una nueva realidad, que es perfecta para poder dejar que su inspiración fluya, circule y deje salir las mejores ideas.



Alteración cronológica
Muchas novelas que corresponden a la época del Boom latinoamericano, no tienen orden cronológico de los sucesos que ocurren en él, por ejemplo, normalmente una novela comenzaría en aquel momento en que los protagonistas se conocen, y terminaría cuando después de muchos problemas y ajetreos, se casan; en este tipo de novelas no, puede empezar cuando contrajeron matrimonio y terminar, cuando la novia, después de enterarse de la infidelidad de su prometido con su mejor amiga, intenta suicidarse y él la salva, con lo cual ella quedó nuevamente enamorada de él y acondicionan todo para el día de su matrimonio.

Consecuencias

Esta transformación contribuyó, de igual forma a desarrollar la originalidad y la creatividad de los escritores, ya que la invariabilidad de las narraciones de esa época, y las rígidas reglas que estaban establecidas, habían hecho dormir muy profundamente a la imaginación, y las historias huecas y sin sentido. El fenómeno del Boom explota en España (aunque nace en latinoamerica) y arrastra consigo a nombres de escritores anteriores a esta explosión que a partir de este momento empiezan a tomar relevancia, como es el caso de Jorge Luis Borges -para muchos el nombre nuclear de la literatura latinoamericana-, Juan Rulfo,Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Además, se establece otro momento que nace después del boom, que ha sido llamado el "posboom", en el cual resuenan los nombres de Isabel Allende, Tomás Eloy Martínez, Laura Esquivel, Luis Sepúlveda.

Otras características del Boom
1.      Presenta  ruptura  del  tiempo : presente  pasado y  futuro
2.      El  lenguaje  y  la  palabra  adquieren toda  la  potencialidad y fuerza  expresivas , la palabra es vida , persuasión, mensaje, símbolo .
3.      Las figuras  literarias  se  expanden  y  multiplican llegando  a  constituir una  prosa
4.      Los  personajes  son  seres  cotidianos  simples  con  una  vida  cualquiera a  veces  el  autor  recurre a personajes  antihéroes , seres  solitarios  en  todo  caso  son  personajes con  vida  propia en  carne  y  hueso
5.      Los temas favoritos del boom latinoamericano son: Los  mitos  que  pueblan y  encantan  todas las regiones  del  continente, los conflictos  sociales , culturales  raciales y  políticos,  las  dictaduras   los  gobiernos autoritarios  y  totalitaristas que  masacraron  al  pueblo,  el  amor  la  muerte  y  las  violencia la  política  la  historia sigue  siendo  una  constante en  nuestros narradores.
6.      El mundo onírico o fantástico: En este tipo de  relatos se muestra el interior del hombre, sus problemas existenciales, la soledad, la angustia, la incomunicación con el fin de entender mejor la verdad de su existencia, la realidad y la irrealidad.
Este mundo está asociado al mundo del sueño, donde se presenta un quiebre con lo que conocemos como realidad y causa sorpresa al lector, ya que se hace referencia a situaciones impensadas.
Por lo general, se crea un mundo confuso, que genera una sensación de extrañeza en el lector ya que hay una ruptura de la lógica, del tiempo y del espacio y aunque requiere de lo real para manifestarse, siempre es solo fantasía.
La literatura de terror, gótica y de misterio responden al tipo fantástico. 
Tomado de:

jueves, 19 de febrero de 2015

Mitos y leyendas Latinoamericnas.

Sres. y Stas.  aquí les dejo unos links en los que podrán encontrar leer mitos y leyendas de América Latina. Elijan el que más les guste; luego les indicare que vamos a hacer con ellos.

Tayronas

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ninos/taironas/tairona4.htm

Muiscas

http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=25&COLTEM=212

 Mayas

http://www.haciendatresrios.com/mx/cultura-y-tradiciones/leyendas-mayas-4-historias-de-una-civilizacion-antigua/

http://www.yucatantoday.com/es/topics/leyendas-mayas-la-princesa-y-el-escarabajo

 

http://cuentos-infantiles.idoneos.com/cuentos_mitologicos/mitologia_maya/el_popol_vuh/

Incas

http://www.atlas.catamarca.gov.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=283&Itemid=240&limitstart=1

http://www.historiacultural.com/2009/04/leyenda-manco-capac-hermanos-ayar.html

http://cuentos-infantiles.idoneos.com/cuentos_mitologicos/mitologia_inca/leyendas_de_la_mitologia_inca/

Charrúas

 http://ultimoscharruas.free.fr/?EL-TERO-AZUL-Leyenda-Charrua

Wayuu

http://www.secretosparacontar.org/Lectores/Contenidosytemas/LaleyendadeWareke.aspx?CurrentCatId=329

Mitos y leyendas colombianas

http://tierracolombiana.wikispaces.com/Mitos+y+Leyendas+de+Las+Culturas+Colombianas

Zenués

https://reencuentroconloscuentoszenu.wordpress.com/2014/06/21/leyendas-de-los-zenues/

http://andjorgeedizenu.blogspot.com/

http://identidadculturalzenu.blogspot.com/p/leyenda-de-las-mohanas-segun-laleyenda.html

miércoles, 18 de febrero de 2015

Usuario y contraseña plataforma Galyleo

Nota: Sres. estudiantes la contraseña no esta completa, le hace falta un número; por favor acerquese para que averigue el último número de su contraseña. A esta plataforma puede acceder desde el siguiente link:http:http://todosaaprender.galyleo.co/


      Usuario           

estudiante.9303
762

 SEBASTIAN
ALVAREZ SALDARRIAGA
estudiante.9304
148

 DANIELA
BETANCUR LOPERA
estudiante.9305
856

 DANIELA ALEJANDRA
CADAVID ORDOÑEZ
estudiante.9306
536

 LUISA PAOLA
CARRASQUILLA SANCHEZ
estudiante.9307
267

 MAYRA ALEJANDRA
DIAZ CASTAÑO
estudiante.9308
786

 SANTIAGO
FRANCO GIRALDO
estudiante.9309
732

 MARIA ISABEL
GARCIA GARCIA
estudiante.9310
269

 LESLY
GARCIA PINEDA
estudiante.9311
479

 DANIELA
GARCÍA PÉREZ
estudiante.9312
114

 DANIEL
GIL ZAPATA

estudiante.9313
481

 LUISA FERNANDA
GIRALDO GIRALDO
estudiante.9314
501

 SEBASTIAN ISAAC
GUEVARA TENORIO
estudiante.9315
985

 DAVID
HENAO RESTREPO
estudiante.9316
856

 ANDREA MILENA
HENAO TANGARIFE
estudiante.9317
544

 SARAI
MADRID CHAVARRIA
estudiante.9318
350

 SANTIAGO
MARÍN USMA
estudiante.9319
366

 ESTEBAN
MARULANDA DÍAZ
estudiante.9320
324

 LUISA MARIA
MELO ZABALA
estudiante.9321
449

 MANUELA ANDREA
MIRA BEDOYA
estudiante.9322
229

 SEBASTIAN
MUÑOZ GIRALDO
estudiante.9323
351

 JUAN MANUEL
ORTIZ MARIN
estudiante.9324
844

 ALEXANDER
OSORIO GIRALDO
estudiante.9325
263

 CRISTIAN CAMILO
OSPINA OCAMPO
estudiante.9326
831

 LEIDY TATIANA
OSPINA OSORIO
estudiante.9327
498

 SANTIAGO
PALACIO RUÍZ
estudiante.9328
111

 FEDERICO
PARRA PEREZ
estudiante.9329
521

 DAVID
PATIÑO ALVAREZ
estudiante.9330
780

 MARÍA CAMILA
PEREZ MESA

estudiante.9331
861

 OMAR ALEJANDRO
PEREZ MESA

estudiante.9332
592

 MATEO
PIEDRAHITA CASTAÑO
estudiante.9333
294

 JHON JAIME
PIEDRAHITA GOMEZ
estudiante.9334
928

 JOHN MARIO
PIZARRO DUQUE
estudiante.9335
447

 MARÍA DE LOS ANGELES
RIVERA ARIAS
estudiante.9336
336

 VALERIA
RUIZ MURIEL
estudiante.9337
240

 ERIKA GERALDIN
SANTOS LOPEZ
estudiante.9338
205

 KAREN LORENA
TABORDA ZUÑIGA
estudiante.9339
201

 RICARDO
TEJADA ARANGO
estudiante.9340
425

 SARA LUCIANA
URREGO VILLA
estudiante.9341
631

 ANDRÉS FELIPE
VARELA BARRIENTOS
estudiante.9342
237

 JUAN ALBERTO
VARGAS CASTRO
estudiante.9343
559

 STIVEN
VILLEGAS LOPEZ
estudiante.9344
498

 MARIA CAMILA
ZAPATA GALINDO
estudiante.9345
154

 LEZLY DAHIANA
ACEVEDO CASTAÑO
estudiante.9346
787

 ALEJANDRA
ALVAREZ MONTOYA
estudiante.9347
277

 SANTIAGO
ÁLVAREZ MONTOYA
estudiante.9348
484

 JUAN CAMILO
BARRIENTOS ARISTIZABAL
estudiante.9349
199

 JUAN PABLO
CARDONA CARDONA
estudiante.9350
115

 MARIA ISABEL
CASTRO VALENCIA
estudiante.9351
579

 CRISTIAN
CRUZ GARCES
estudiante.9352
345

 JUAN JOSE
DELGADO DIAZ
estudiante.9353
746

 VALENTINA
DUEÑAS FRANCO
estudiante.9354
704

 JUAN CARLOS
ECHAVARRIA MESA
estudiante.9355
696

 FELIPE
GIRALDO GOMEZ
estudiante.9356
338

 JUAN PABLO
HOLGUIN CASTRILLON
estudiante.9357
655

 MIGUEL ALBERTO
HOLGUIN PEREZ
estudiante.9358
389

 CRISTIAN
ISAZA TRUJILLO
estudiante.9359
889

 KEVIN ALEXIS
JARAMILLO HINCAPIE
estudiante.9360
971

 JHONATAN
JURADO RODRIGUEZ
estudiante.9361
736

 VERÓNICA
LÓPEZ PULGARÍN
estudiante.9362
161

 TATIANA PAMELA
LÓPEZ TABORDA
estudiante.9363
777

 YOBANY
MARIN SALDARRIAGA
estudiante.9364
100

 JEAN PAUL
MARIN ZAPATA
estudiante.9365
895

 JUAN PABLO
MEJIA HINCAPIE
estudiante.9366
782

 LUISA
MESA SALAZAR
estudiante.9367
133

 ESTEFANIA
MONTOYA SANCHEZ
estudiante.9368
858

 JUAN PABLO
MORENO GIRALDO
estudiante.9369
542

 ALEJANDRO
MOSQUERA COBOS
estudiante.9370
112

 MARIA CAMILA
MUÑOZ CASTRILLON
estudiante.9371
548

 EMMANUEL
PEREZ VELEZ
estudiante.9372
371

 MARIA CAMILA
PINEDA BUITRAGO
estudiante.9373
397

 ANYI MILENA
PINO MURILLO
estudiante.9374
780

 VALENTINA
PULGARÍN VILLA
estudiante.9375
190

 LAURA
RAMIREZ OCHOA
estudiante.9376
493

 ALEJANDRO
SALAZAR BALANTA
estudiante.9377
244

 DILAN ANDRES
SEPULVEDA ESCOBAR
estudiante.9378
512

 MARIANA
SOLARTE CASTAÑEDA
estudiante.9379
489

 MANUELA
TAMAYO ÁLVAREZ
estudiante.9380
445

 VALENTINA
USUGA CASTRILLON
estudiante.9381
735

 WILFER DANIEL
VARGAS MONTOYA
estudiante.9382
767

 CAMILO ALEJANDRO
VIDAL

estudiante.9383
465

 DANIELA
ZAPATA ALVAREZ
estudiante.9384
348

 JUAN FELIPE
ZORA ZULUAGA
estudiante.9385
257

 MARÍA ALEJANDRA
ZULUAGA BEDOYA
estudiante.9386
145

 ROBERTO CARLOS
ZUÑIGA BENITEZ